NAVEGACIÓN FLUVIAL EN EL
RÍO MAGDALENA... INICIOS DE UNA AVENTURA MUY PARTICULAR
ANTECEDENTES
El 1 de abril de 1501, el español Rodrigo de
Bastidas comunicó a occidente con su hallazgo, de la existencia de un gran
río que llamó Río Grande de la Magdalena (denominado por los nativos como Yuma
en su parte alta, Arli en su parte media y Guacahayo en su parte baja) y al
sitio de la desembocadura lo llamó Bocas de Ceniza, por el contraste de colores
entre el azul del Mar Caribe y las aguas oscuras del río.
La ciudad de Barranquilla surgió a partir de
la evolución del asentamiento de grupos humanos alrededor de los caños anexos
al río Magdalena, en lo que hoy día se conoce como el centro histórico de Barranquilla.
En sus inicios, hace más de dos mil años, este lugar funcionó como un punto de
intercambio de alimentos y artesanías de los grupos indígenas de la región y
como atracadero de canoas, lo que demuestra que en Barranquilla el comercio ha
sido desde siempre una actividad económica importante.
El pueblo de indios de nombre Camacho se
convirtió, a principios del siglo XVII en un “sitio”, es decir, en un poblado
de personas jurídicamente libres, conformado principalmente por mulatos,
mestizos y zambos, quienes se dedicaron a la ganadería y al transporte de
productos mediante embarcaciones movilizadas a través de los caños. En la
tercera década del siglo XVII fue construida la hacienda de San Nicolás en las
“Barrancas de Camacho”; este establecimiento dinamizó la economía del sector y
a su alrededor se construyeron las primeras casas de los pobladores (Villalón
J., 2006).
Nuestro Río de la Magdalena es la arteria fluvial más importante del país, la
vena aorta que lleva el líquido vital al corazón de la patria para que irrigue
vida y movimiento a los órganos, de la cabeza a los pies y de la extremidad
izquierda a la derecha. Por aquí se mueven esperanzas y emociones,
tristezas y felicidad, mercancías, alimentos, oro en polvo o en lingotes, plata,
esmeraldas y ambiciones, entran pianos y salen pieles, viajan seres humanos que del interior andino acuden al
llamado del ardiente trópico o de éste ascienden a las frescas alturas en busca
de amigos, familia, medicina o instrucción; por esa gran autopista viajan
políticos y comerciantes, pescadores y labriegos, hacendados y mendigos,
médicos y caminantes, banqueros y traficantes, arrieros, músicos, curas y en definitiva,
gentes de diversas condiciones y diferentes partes.
El río es
un carnaval, el lugar más propicio para asistir a múltiples encuentros: recibir
al ser amado que hace mucho tiempo está ausente; padecer estados depresivos al
despedir a quien se va o experimentar gran alegría al recibir a quien llega; despachar
la carga de artículos diversos hacia el interior del país y hacia el exterior;
enviar el recado con pescado marino para las poblaciones andinas, en cargas con
carácter comercial y también privado; embalar preciados metales procedentes de
las minas en diversas regiones; ser testigo del embarque de guacales llenos
de constelaciones, cuyo brillo y juego de luces no iluminaría el firmamento
mulato de los bogas caribes, sí, porque eso eran para ellos las piedras
preciosas procedentes de Boyacá, estrellas fugaces tal vez nunca vistas y cuyo
brillo sólo quedaría en la memoria porque su destino era el cielo de fortunas
europeas; o introducir al país esos artículos lujosos sólo asequibles a unos pocos, muchas veces venciendo barreras
inquebrantables, como era por ejemplo, trasladar un piano de cola a lomo de
mula atravesando la selva tropical del magdalena medio y las agrestes montañas
andinas para llegar a lugares como la Ciudad de Antioquia fundada en 1541, y
luego conocida como Santa Fe de Antioquia, después de descender de un champán.
Y como
estas, muchas otras acciones que dieron vida a ese mundo del comercio fluvial
del Magdalena, cuyo cauce nace en el macizo colombiano y, en un delta múltiple,
desemboca en todos los rincones de la tierra porque después de culminar su
recorrido en Bocas de Ceniza donde vierte sus aguas en el Mar Caribe, se
convierte en océano (la sección mayor de esa gran biblioteca de vida que es el
agua) y sus aguas dan la vuelta al mundo. Ese movimiento comercial vasto y
multicolor que transita por el Río Magdalena es toda la riqueza de los bogas
quienes, en su sencillez y rudimentaria presentación, se convierten en símbolo
de contradicción social que muy pocos parecen observar.
LAS
EMBARCACIONES
Nuestros aborígenes con sus
técnicas ancestrales, su conocimiento del territorio y su evolución natural,
navegaron el río desde tiempos primigenios en pequeñas embarcaciones llamadas balsas
hechas con troncos flotantes por la calidad de su madera (una madera que no
permite la absorción de agua, es liviana y tiene gran resistencia), amarrados
entre sí con bejucos vegetales y recubiertas con una sustancia resinosa y
espesa, una goma natural que les daba mayor durabilidad, también en pequeñas
canoas hechas con troncos resistentes o en embarcaciones de mayor tamaño
precisamente ideadas para transportar elementos diversos; éstas últimas fueron
ideadas con grandes troncos de árboles centenarios y descomunales, concavados
en su centro y conocidas como piraguas. Era esta la forma de colonizar las
aguas y recorrer los extensos territorios de nuestra América india; no sólo por
el Río Magdalena, por el Cauca, el Atrato, los grandes lechos dulces del
oriente llanero granadino, el gran Orinoco y el dulce mar interior del norte
suramericano, el Amazonas. Muy posiblemente fueron las piraguas indias
utilizadas a lo largo y ancho de nuestro continente, los orígenes de los
posteriores champanes o bongos como también se les conoció.
Champán. Fuente: Papel Periódico Ilustrado
Cuentan los antepasados
en relatos contenidos en páginas grabadas en la memoria, y transmitidos una y
otra vez oralmente, cómo los hermanos de pueblos lejanos en el norte surcaron
las costas en dirección sur en naves de maderos gigantes ahuecados en el centro,
con techos de madera como casas flotantes, llegando al pedazo más estrecho de
tierra, al norte de nuestro territorio, desde donde –tal vez- pudieron avistar
al sur, subiendo a sus escarpadas alturas, ese otro mar desconocido.
LOS PUERTOS
En 1813, Barranquilla recibe por parte del
gobernador de Cartagena, el honor de convertirse en Villa y también como
capital del departamento de Barlovento o Tierradentro (hoy departamento del
Atlántico). En 1857, Barranquilla fue ascendida a la categoría de ciudad,
adquiriendo así mayor importancia política por su auge comercial y por su
estratégica posición geográfica, convirtiéndose en el primer puerto fluvial de
Colombia, de paso obligado a las exportaciones de tabaco hacia los mercados de
Europa. El primer puerto habilitado para el comercio exterior, fue el de Sabanilla
en 1820. El crecimiento de las exportaciones e importaciones llevó al gobierno
nacional a la construcción de un ferrocarril, que comunicaba el puerto fluvial
con el marítimo de Sabanilla en 1871, y a sucesivos puertos hacia el Oeste, a
medida que los sedimentos del río en el mar los restringían, hasta conformar
finalmente el muelle de Puerto Colombia, inaugurado en 1893, estando en funcionamiento en conjunto con la vía férrea hasta
1943. Igualmente por el proceso de sedimentación en el muelle de Puerto de
Colombia, y el interés por contar con buques de mayor capacidad, se inicio en
1922 la construcción de las obras de encauzamiento del río en Bocas de Ceniza,
las cuales fueron inauguradas en diciembre de 1936, incluyendo la construcción
del puerto fluvial y marítimo de Barranquilla, ubicado 20 Km aguas arriba de la
desembocadura.
PUERTOS DE MAYOR MOVIMIENTO EN EL INTERIOR
ENTORNO FÍSICO
Localización. La cuenca hidrográfica del río
Magdalena tiene 262.000 Km2, que corresponde al 24% de la superficie
continental del país y alberga el 85% de la población de Colombia, estimada en
total en 45 millones de habitantes (DANE 2009). La cuenca se divide en tres
tramos: Alto Magdalena entre el nacimiento en la laguna de La Magdalena y la
población de Honda (Tolima); Medio Magdalena entre Honda y Regidor (Bolívar) y
Bajo Magdalena entre Regidor y la desembocadura en Barranquilla en el mar
Caribe, en el sitio conocido como Bocas de Ceniza. En Calamar (Bolívar), 115 Km
aguas arriba de la desembocadura, se bifurca el Canal del Dique, brazo artificial
conectado por los españoles en 1650 para permitir la navegación entre Cartagena
y el río Magdalena. El delta del río Magdalena entre Calamar (Bolívar) y la
desembocadura en Bocas de Ceniza y el Canal del Dique entre Calamar y la bahía
de Cartagena, alberga una población de 3.5 millones de habitantes, y se
localizan las ciudades de Cartagena y Barranquilla, dos de los principales
puertos colombianos.
Geología.
Desde el Pleistoceno el río Magdalena ha
presentado seis desembocaduras en el mar Caribe, entre Riohacha y Cartagena,
indicativo de su evolución en los últimos 5 millones de años. Aunque no están
datados estos cambios, se estima que desde hace unos 700.000 años la
desembocadura ha variado entre Cartagena y la hoy Ciénaga Grande de Santa Marta
(Cediel, Barrero, Llinas, 1983).
Diferentes
posiciones que ha tenido la desembocadura del río Magdalena
desde
el Pleistoceno (Cediel, Barrero, Llinas, 1983)
Con más
detalle en Barranquilla, en un tramo de 22 Km de longitud, entre el puente
Pumarejo y la desembocadura del río Magdalena en Bocas de Ceniza y 24 Km de
ancho con eje en el río, se caracteriza por la presencia de rocas sedimentarias
del Terciario en un 17% y depósitos inconsolidados del cuaternario en un 83% (Vargas G., 2005). Ver
ilustración siguiente.
EMPRESAS NAVIERAS Y
VAPORES
La Magdalena River y la
empresa de Luis Gieseken formaron la ALIANZA DE TRANSPORTES FLUVIALES. En
1914 se incorporan a la compañía Magdalena River Steam Boat la Empresa Alemana
de navegación de Luís GIieseken La Compañía Internacional del Magdalena y la
Compañía Bartolomé Martínez Bossio transformándose en COLOMBIAN RAILWAY AND
NAVIGATION COMPANY LIMITED. Esta compañía tenía registro en la intendencia
fluvial de Barranquilla en 1925 y operó los vapores Antioquia, Adelaida,
Barranquilla, Boyacá, Colombia, Caribe, Eloísa, Eugenia, Gualí, Gwendolena,
Honda, Libertador, Manizales, Mompóx, Magangue, Magdalena, Mariscal Sucre,
Nechí , Neiva, Santander y Zaragoza.
Gabriel
Poveda Ramos nos ayuda a conocer los pormenores de la navegación desde mediados
de los años 20 hasta finales de los años cincuenta cuando se suspendió la
navegación a vapor. Trascribe del libro Colombia Cafetera en 1927 los nombres
de las compañías que existían en el río, el número de vapores, planchones y
botes registrados en la Intendencia Fluvial de Barranquilla. Según esta
relación existían 28 compañías principales y otras menores que en total
operaban 97 vapores con una capacidad de carga de 33,567 ton y 186 botes y
planchones, cifras que contradicen en parte los datos de Eduardo Acevedo
Latorre contenidos en el libro El Río Grande de la Magdalena.
Otros vapores que fueron
construidos y operados por sus armadores fueron el A. Paternostro (1929), Nueva
Granada (1926), Anorí (1923), General Páez (1929), Arturo Stegman (1930), Arturo
y Yate Alberto.
Puerto
Salgar, Cundinamarca. Fotografía Naviera Fluvial.
EL Capitán Manuel
Betancourt construyó y operó los vapores Adelante (1928), Sincelejo (1929) y Leonardo
(1926); Arturo (s.f.) y Arturo Stegman (1926). En 1933 se funda la empresa
TRANSPORTADORA DE GANADO S.A. primera compañía especializada en transportar
ganado con los vapores diseñados por el capitán Manuel Betancourt (Adelante 1928, Sincelejo 1929, y Leonardo 1926).
En los
años 40 se crea la compañía de Márquez y Vásquez - Compañía Marvásquez, la segunda en
importancia en el transporte de pasajeros adquiriendo los vapores Barranquilla,
Vasquezpe, Marvásquez, Colombia, Bogotá, Bolívar, Saldaña y Jesusita principal
vapor de la Compañía Marvásquez.
Gran panchón en el Magdalena






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